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El cierre inmediato de Garoña puede evitar una catástrofe sanitaria en Euskal Herria

27/01/2016 06:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Distintos estudios han demostrado que en localidades del entorno a la central nuclear se ha producido un aumento de distintos tipos de cáncer, leucemia y enfermedades del pulmón, avalados por cifras del hospital Carlos III, pero el gobierno sigue con la idea funesta de reabrir Garoña

 

Profesionales sanitarios de Álava y Trabajadores Osakidetza han reclamado varias veces el cierre definitivo de la central nuclear burgalesa de Garoña ya que distintos estudios han demostrado que en localidades del entorno a esta instalación se ha producido un aumento de distintos tipos de cáncer.

Los profesionales sanitarios vascos ya habían difundido un informe en el que recuerdan que estudios de 1999 y 2001 de la Unidad del Cáncer del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III detectaron la existencia de una tasa más alta de cáncer de estómago en personas de ambos sexos en el entorno de la central nuclear de Garoña,   a unos 40 kilómetros de Vitoria.

Asimismo, se ha constatado que ha habido un incremento de la mortalidad por cáncer de pulmón en municipios situados a 30 kilómetros alrededor de las centrales de Garoña, Zorita y Vandellós I, estas dos últimas ya cerradas.

Según estos estudios, Garoña es la central nuclear en cuyo entorno se ha detectado una tasa más alta de mortalidad por leucemia en la población de 0 a 24 años.

Además, han puesto de relieve que un informe del propio Consejo de Seguridad Nuclear admitía que las dosis por radiación acumuladas en los municipios cercanos a las instalaciones de Garoña, Vandellós I y José Cabrera se sitúan "en la parte más alta del rango".

Los sanitarios destacan que tras más de 40 años de actividad, solo Garoña no ha sido clausurada, aunque lleva parada desde diciembre de 2012, pero ahora se quiere reabrir hasta 2031, 60 años después de su puesta en funcionamiento en 1971. Al mismo tiempo que Fukushima.

Subrayan que "la radiactividad es acumulativa" y que por tanto el riesgo para la salud "es cada vez mayor", por lo que invocan el "Principio de Precaución" y piden cerrar definitivamente esta central porque supone "un peligro creciente para la salud humana, animal, vegetal y biológica".

Recalcan que accidentes de centrales nucleares como la de Chernobyl (Ucrania 1986) causó 9.000 víctimas por cáncer, según un informe de la OMS, y en Fukushima los médicos detectaron un incremento exponencial de los casos de cáncer de tiroides entre los niños de la zona cercana.

También mencionan que la revista Biomedicine International publicó un estudio que mostraba  que el cierre de centrales nucleares, -que elimina las emisiones radiactivas y reduce las toxinas en el medio ambiente y en la cadena alimentaria-, está relacionado con descensos significativos a corto plazo de casos de cáncer y de muertes infantiles en el entorno local.

Los profesionales de la salud alaveses señalan que en caso de accidente en Garoña, habría un efecto de radiaciones emitidas a la atmósfera que se dispersarían en función de los vientos, lo que pondría en riesgo a "la práctica totalidad de municipios alaveses y parte de otra regiones del entorno. La radiactividad no conoce fronteras".

La central nuclear de Garoña puede perjudicar seriamente su salud

Las amenazas contra la salud global de la zona de la central, es la cuenta atrás para su cierre inmediato. Sobre la mesa, variados argumentos; uno, que se ha probado hasta la saciedad que Garoña es nefasta para niños y mayores de Euskal Herria.

Tambien se ha probado que la central nuclear de Garoña es una de las causas fundamentales del alto grado de mortalidad observado a causa de tumores en sus proximidades Así de determinante, sin ambigüedades, se pronuncia el colectivo ecologista Eguzki en su actualizado informe sobre los más de 40 años de vida de la planta burgalesa y contra cuya amenaza del ministro Soria las calles céntricas de la capital alavesa han contemplado tantas protestas. Las espadas entre detractores y defensores de ese alargamiento de la vida útil de la central están en  lo alto del gobierno del PP. No en vano, ya que en fecha próxima el llamado Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) debe decidir si prolonga o no su actividad. Entre los argumentos de quienes se oponen está el de la incidencia de estas instalaciones en la salud de las poblaciones de su entorno.

Un asunto controvertido, polémico, que genera estudios, que sirven de excusa. El colectivo Eguzki ha hecho una recopilación de aquellos datos que avalan la acusación que, sin paliativos, encabezaba estas líneas. En base a ellos, asegura que «la mortalidad causada por tumores en las comarcas del sur de Araba en los últimos años es superior a la media de Euskadi,   en algunos casos superior hasta en cinco puntos».

Así, detalla que comarcas como la de Valles Alaveses -que engloba a los municipios de Gaubea, Lantaron, Zanbrana, Beranteuri, Armiñon, Gesaltza, Zuhatzu Koartango, Erribera Goitia y Erribera Beitia- encabezan el ránking con porcentajes de mortalidad causada por cáncer, “que en ocasiones han superado el 33%, lo que significa que en esas comarcas uno de cada tres fallecimientos se debe a tumores de distinto tipo“. Otro tanto sucedería con la también comarca de Rioja Alavesa.

Los porcentajes de tumores que maneja Eguzki son los basados en datos del Instituto de Estadística Eustat. Entre 1987 y 1995 las dos comarcas del sur de Araba encabezaron, junto a las también comarcas alavesas de Lautada y Montaña Alavesa, la lista anual de mortandad por esta causa.

“Cuarenta años de funcionamiento de Garoña dejan huella, y así, mientras la media de muertos por cáncer de Euskadi es del 28%, la de Valles Alaveses y Rioja Alavesa es del 33%. Con estos datos -prosiguen los ecologistas-, ¿sigue sin estar justificada la reiterada petición de un estudio epidemiológico para la zona, que nunca se ha realizado? ¿Cuál es el motivo? Sin duda se tienen miedo a los nefastos resultados, sabidos de antemano“

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En su día, en 2004, la iniciativa Araba sin Garoña planteó al Parlamento de Gasteiz la necesidad de que Sanidad de Lakua llevara a cabo un estudio de estas características en la zona alavesa cercana a la central. ¿Qué fue de aquéllo? La respuesta nos la dio Alberto Frías, portavoz entonces de aquella plataforma: “El Parlamento adujo problemas competenciales y nunca hizo el estudio, así que nuestros datos están sacados del Eustat, como  indica el informe, que a su vez provienen de Osakidetza. Pero de llevarlo a cabo ellos, ni hablar”.

Lo que el portavoz de Eguzki sí recuerda es que “por aquellos años vino un médico de Bilbo, que trabajaba en Urgencias en Miranda, y  localizó a los responsables ecologistas para contar que estaba alucinado con el altísimo porcentaje de gente que llegaba a Urgencias con cáncer en esa ciudad algo nada habitual en ese servicio“. Lo cierto es que los estudios sobre el potencial daño de la actividad de estas centrales nucleares en la salud de la población no son abundantes, pero los hay. En 1997, la Asociación Española contra el Cáncer publicó un informe que decía que Araba tenía una mortalidad por tumores malignos superior a la media estatal. ¿La razón? Es una buena pregunta que el ministro es quien debía responder.

Si hay una institución en el Estado español a la que siempre se alude en este debate por sus informes sobre la materia, ése es el Instituto de Salud Carlos III. En uno de ellos constató entre 1999 y 2001 -repite Eguzki- la tasa más alta de cáncer de estómago en personas de ambos sexos en el entorno de la central de Garoña. También se comprobó que la mortalidad por cáncer de pulmón aumentaba en los alrededores de las plantas nucleares.

Hay otros estudios que se han centrado en las instalaciones de Trillo o Zorita, y que también alude el colectivo ecologista para reforzar sus acusaciones de que existe una íntima relación- de causa a efecto- entre esa actividad y las tasas de cáncer en su entorno.

Pero será cinismo pero las empresas que gestionan las centrales también se defienden con informes. Nuclenor por ejemplo, propietaria de la central de Garoña, respondió en su día que “ciudades tan distantes entre sí como Santander, Huelva, San Sebastián o Salamanca soportan niveles de radiación natural mayores que la zona donde se halla ubicada la central de Santa María de Garoña“.

La energía nuclear ha sido el mayor desastre para la humanidad aunque es muy barata para las empresas eléctricas

En 2004, Nuclenor contestaba a las acusaciones basadas en los mencionados informes del Instituto Carlos III y lo hacía asegurando que dichos estudios concluyen todo lo contrario, es decir, que “descartan un aumento de cánceres en la zona de influencia de la central nuclear de Garoña“. Ni Alberto Frías ni vasco alguno comparten tal interpretación. “Lo que no han podido rebatir, y sí tratar de ocultar, es que el informe del Carlos III, es lo más parecido a un estudio epidemiológico que nunca se ha conseguido que se haga“, responde el portavoz.

Recuerda, como anécdota un tanto macabra, que cuando «se detectaron isótopos radiactivos de Cesio-137 y Cobalto-60 y el vocero de Nuclenor admitió que esos isótopos se hallaron en el Ebro aguas abajo de la central, pero que procedían ¡de la nube radiactiva de Chernobyl!”.

Los gestores de Garoña también han echado mano de otros datos, como un estudio elaborado en 1995 por el Departamento de Sanidad de Lakua, que concluía que “el análisis epidemiológico efectuado por expertos concluye que no se habían encontrado evidencias de un aumento de cáncer en 12 años en las zonas alavesas próximas a Garoña“.

Discrepancias sobre un aspecto que preocupa, sobre todo, a quienes residen en las zonas más próximas a centrales como ésta. Colectivos como Eguzki insisten en que por ello son necesarios estudios epidemiológicos como el que en su día se reclamaron a Osakidetza. “Si no tienen nada que ocultar, ¿por qué no lo hacen?”, es la pregunta.

El Instituto de Salud Carlos III, dependiente del Ministerio de Sanidad español, y el Consejo de Seguridad Nuclear acordaron en 2006 realizar un estudio que investigue los posibles efectos de la exposición a las radiaciones ionizantes sobre la salud de la población. Se trataba de actualizar los datos de estudios anteriores, como el realizado por el Centro Nacional de Epidemiología en 1996, y que indicaban la posibilidad de un aumento de riesgo de algunos tumores en estas zonas. En 2006 se dijo que vería la luz en poco tiempo. ¿Llegará a tiempo para Garoña?

El PSOE volvió a evitar posicionarse sobre el cierre. Tanto el Senado como el Congreso españoles  rechazaron esta semana sendas propuestas de PNV para que ambas cámaras manifestaran su rechazo a la prórroga de la licencia de actividad de la central de Garoña. Una negativa que se sustentó en los votos no sólo del PP sino también del PSOE. Para eso se pusieron de acuerdo. La justificación fue que  el Consejo de Seguridad Nuclear es el que debe decidir con «independencia». El entonces ministro de Industria, Miguel Sebastián, ya dijo meses antes que “se puede mantener la vida útil de las centrales siempre que se cumplan una serie de condiciones, de garantías de seguridad“. Nuestra salud no importa.

Informes científicos avalan la necesidad de nuevos estudios epidemiológicos en el entorno de las instalaciones nucleares

Greenpeace, como siempre, al lado de las potenciales víctimas

Greenpeace ha solicitado al Ministerio de Sanidad y Consumo y al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) la realización de nuevos estudios epidemiológicos en el entorno de las centrales nucleares y otras instalaciones del ciclo nuclear, ya que los informes científicos publicados indican la existencia de tasas de incidencia anormalmente altas de diversas enfermedades

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En pasados meses publicó la revista Occupational & Environmental Medicine un estudio epidemiológico realizado por científicos de la Universidad de Alcalá de Henares y el Hospital de Guadalajara en el cual se concluye que el riesgo de sufrir cáncer se incrementa linealmente con la proximidad a la central nuclear de Trillo, y que el riesgo de padecer un tumor es 1, 71% veces superior en el entorno más cercano a la central nuclear (en un radio de 10 kms. alrededor de ésta) que en un radio de 30 kms.

En julio de 2001 Environmental Health Perspectives publicó un estudio de la Unidad de Epidemiología del Cáncer del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III que establecía la existencia de un incremento de la mortalidad por leucemia en el entorno de las instalaciones del combustible nuclear (minería de uranio y fabricación de combustible de uranio).

Dos años antes, en 1999, otro estudio del Instituto de Salud Carlos III concluyó que existía una tasa de incidencia de mieloma múltiple mayor de lo normal en el entorno de la central nuclear de Zorita, en Guadalajara. Este estudio se publicó en la revista Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention. En esta misma zona, ya en 1987 el Insalud determinó que la tasa de muertes por tumores de tubo digestivo era entre 3 y 4 veces superior que la media del Estado español.

Ante esta situación, Greenpeace considera que es urgente que el Ministerio de Sanidad y el CSN den prioridad a la realización de una investigación en profundidad de estos hechos, los cuales son exponentes de los peligros ambientales y sanitarios a los que puede estar viéndose sometida la población del entorno de estas instalaciones.

Además de estos datos concluyentes, los estudios de 1999 y 2001 del Instituto de Salud Carlos III detectaron también la existencia de una tasa inesperadamente más alta de cáncer de estómago en personas de ambos sexos en el entorno de la central nuclear de Garoña. Este incremento, ligado a la proximidad a esta instalación, se produjo en el periodo posterior al inicio de actividad de la central nuclear, tras comparar con la situación anterior a su entrada en funcionamiento.

Asimismo, se constató que la mortalidad por cáncer de pulmón mostró un mayor incremento en las áreas en el entorno de 30 kms alrededor de las centrales de Garoña, Zorita y Vandellós-I en comparación con las cifras nacionales. La misma situación se dio con respecto al cáncer de riñón en La Haba (Badajoz), zona de minería de uranio.

Según estos estudios, Garoña es la central nuclear en cuyo entorno (en un radio de 30 kms) se ha encontrado una tasa más alta de mortalidad por leucemia en la población de 0 a 24 años, en un ratio superior que en las poblaciones control más allá de ese radio. En el entorno de otras centrales nucleares e instalaciones de minería del uranio se ha detectado un exceso de mortalidad por diversos tipos de cáncer.

Para Greenpeace es evidente que esos datos son muy preocupantes. "Las escasas investigaciones hasta ahora publicadas recomiendan que se hagan estudios epidemiológicos en mayor profundidad en el entorno de todas las instalaciones nucleares y radiactivas" -ha declarado Carlos Bravo, responsable de la campaña de nuclear de Greenpeace- "Confiamos en que las autoridades sanitarias y el CSN sean de la misma opinión, en beneficio de la salud pública".

Las investigaciones de Greenpeace, en otros accidentes nucleares, por su parte, arrojaron otros resultados : los científicos contratados por la organización ecologista consideraron que todo aumento en la tasa de tumores se debía a la radiación, sin descontar otros factores como los cambios de hábitos. Ningún enfoque es completo porque existen numerosos factores —conocidos o no; relacionados con la radiación o no— que pueden incidir en distintos tipos de cáncer, pero las agencias internacionales recuerdan que los métodos de detección de este grupo de enfermedades han mejorado y que, en todo caso, no se deben obviar las otras causas que pueden contribuir al aumento. Empezando por el tabaco, que ya es en sí mismo más peligroso que la propia radiación. La OMS considera que la exposición a altas dosis de radiación, aumenta entre un 3% y un 4% la incidencia normal del cáncer en las zonas afectadas. En contraste, se calcula en España el tabaquismo causa un 30% de todos los cánceres.

“Existe una tendencia a atribuir los aumentos en las tasas de todos los tumores a lo largo del tiempo al accidente de Chernóbil, como lo han hecho desde el Ministerio de Sanidad pero debería apreciarse que también se habían observado estos incrementos en las áreas afectadas antes del accidente. advierte el Comité Científico de Naciones Unidas para los Efectos de la Radiación Atómica.

A principios de la década de 1970, se realizó la cobertura de un debate altamente contencioso sobre el desempeño de los sistemas de emergencia para la refrigeración del núcleo en las centrales nucleares- debilidad que comparte Garoña- para prevenir una fusión del mismo lo que podría llevar a un evento conocido como Síndrome de China, en revistas técnicas y en medios de comunicación de masas.

Incluso para los técnicos sinceros o que tienen puesto asegurado fuera de lo nuclear, las centrales son muy peligrosas. En 1976, cuatro ingenieros nucleares -- tres de General Electric y uno de la Comisión Reguladora Nuclear -- renunciaron a sus puestos, diciendo que la energía nuclear no era tan segura como su superiores  declaraban. Estos técnicos eran ingenieros que habían pasado la mayor parte de su vida laboral construyendo reactores, y  declararon ante el Joint Committee on Atomic Energy (Comité Conjunto sobre la Energía Atómica) que el efecto acumulativo de todos los defectos y deficiencias en el diseño, construcción y operaciones de las centrales nucleares hacen que un accidente en un central nuclear, en nuestra opinión, sea un suceso seguro. Las únicas preguntas son cuándo y dónde.

 

 

 

 


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