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Crisis en la Iglesia o en los grupos de índole familiar

11/03/2019 23:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El gran problema, es que algunos adultos llegan a ser intelectual y físicamente adultos

Vida Cristiana

Frecuentemente, por su poca preparación, los mismos padres de familia tienen dificultades para orientar a sus familias y renunciar a la enseñanza de sus hijos, lo que deben adecuarse a esta realidad. La desaparición de los modelos tradicionales de enseñanza en gran parte de la sociedad, sea en los países desarrollados que, en vías de desarrollo, ha dejado a los hijos faltos de indicaciones unívocas y positivas, mientras los padres se han descubierto sin la preparación para darles las respuestas adecuadas.

Este contexto, se ha agravado por un obscurecimiento de la verdad sobre el hombre al que asistimos y que conlleva, además, una presión hacia la banalización del sexo. Domina una cultura en la que la sociedad y los mass-media ofrecen a menudo, una información despersonalizada, lúdica, con frecuencia pesimista y sin respeto para las diversas etapas de la formación y evolución de los adolescentes y de los jóvenes, bajo el influjo de un desviado concepto individualista de la libertad y de un contexto desprovisto de los valores fundamentales sobre la vida, sobre el amor y sobre la familia.

El gran problema, es que algunos adultos llegan a ser intelectual y físicamente adultos, pero social, emocionalmente, afectiva y sexualmente inmaduros, transformándose en el tiempo en furtivos transgresores de la continencia sexual.

Los teólogos tienen la palabra… Pero no solo ellos. Debido a los trascendentes y generalizados impactos negativos que el paradigma sexual de la Iglesia tiene, su cambio debe ser exigido por los propios consagrados, por sus víctimas y por las comunidades y gobiernos de países en que la Iglesia Católica opera.

 Entre las múltiples dificultades que los padres de familia encuentran hoy, aun teniendo en cuenta los diversos contextos culturales, se encuentra ciertamente la de ofrecer a los hijos una adecuada preparación para la vida adulta, en particular respecto a educación sobre el verdadero significado de la sexualidad. Las razones de esta dificultad, por otra parte, no del todo nueva, son diversas.

En el pasado, aun en el caso de que la familia no ofreciera una explícita educación sexual, la cultura general, impregnada por el respeto de los valores fundamentales, servía objetivamente para protegerlos y conservarlos. Este contexto se ha agravado por un obscurecimiento de la verdad sobre el hombre al que asistimos y que conlleva, además, una presión hacia la banalización del sexo. Domina una cultura en la que la sociedad y los mass-media ofrecen a menudo, una información despersonalizada, lúdica, con frecuencia pesimista y sin respeto para las diversas etapas de la formación y evolución de los adolescentes y de los jóvenes, bajo el influjo de un desviado concepto individualista de la libertad y de un contexto desprovisto de los valores fundamentales sobre la vida, sobre el amor y sobre la familia.

Nosotros hemos vivido durante 15 siglos pendiente de un modelo antropológico, ético, que viene de antaño. Es decir: estamos fijados en la patrística con los Santos Padres, en la Edad Media, con lo que decían los teólogos de la Edad Media, hasta Trento. El Evangelio tiene unos grandes principios fundamentales para guiar la conducta sexual, y esos principios no cambian. Pero el Evangelio no aborda pormenorizadamente la cantidad de cuestiones que van surgiendo, porque no es un tratado de psicología. Así que llega gente de la cultura romana, de la cultura helénica, de otras partes, y entonces con su filosofía y su sabiduría, aunque acepta el mensaje de Jesús, tratan de terminar de regular la sexualidad, pero no ya con el Evangelio, sino en conformidad con su manera antropológica de valorar al ser humano.

Evidentemente la Iglesia, la institución eclesial, llevaba un retraso de siglos hasta que llegó el Concilio Vaticano II en 1962. Había inmovilismo, desfase, especialmente en la cuestión de la moral sexual. Se trataba de prestar atención a la moral contando con los descubrimientos de la ciencia y con una nueva base Bíblica. Se han ido acumulando normas, normas, normas… esas leyes, esos preceptos nos asfixian, nos oprimen. La Iglesia se ha quedado parada ahí, y no quieren cambiar por fidelidad al Evangelio… pero eso no pertenece al Evangelio, sino a una creación contingente y temporal que va surgiendo en cada época de acuerdo con la situación y con lo que piensa la gente.

Lo que se deriva de esas líneas es que mujeres que hayan tenido relaciones sexuales podrían ser consagradas como vírgenes

En la concepción procreacionista: se dice que el matrimonio es un contrato entre un hombre y una mujer que otorga el uso mutuo de los cuerpos para procrear. ¡Es una agencia de procreación, el matrimonio! Y no solo eso: el placer, en sí mismo, dicen, ¡es pecado! 15 siglos afirmando que no se puede buscar el placer sexual por sí mismo. Y hoy sabemos que la relación sexual dentro del matrimonio la mayor parte de los días es infecunda, no puede ser siempre procreativa. ¡Pues nada, no se puede! ¡Es pecaminoso! 15 siglos atormentando a la gente con que el placer es indigno.

La realidad humana está condicionada por las investigaciones y los descubrimientos científicos. No podemos cerrarnos a la ciencia. Todas esas normas anteriores que decían, por ejemplo, que la masturbación era pecado mortal… es absurdo. ¿Por qué? Porque se partía de un presupuesto científico falso, creyendo que al masturbarse el varón ya perdía lo que era un ser humano en potencia, porque el varón aportaba la semilla y la mujer era simplemente el terreno que asumía esa semilla. La masturbación era un homicidio,

Como la moral estaba hecha por varones celibatarios, apenas se habla de la mujer. Pero eso ya es otro capítulo. Pero es que el Vaticano II le dio una vuelta a todo esto. Dijo, por ejemplo, que el matrimonio es una comunidad de vida y de amor, no una agencia de procreación. Hay muchas parejas que no pueden tener hijos y por supuesto tienen razón de ser. Se trata de vivir en pareja con un proyecto de amor.

Es que no se puede hacer la revolución sexual, porque la sexualidad no es objeto de nada. Se puede hacer la revolución personal. La sexualidad pertenece a la persona como una dimensión que le configura. No hay ninguna “crisis sexual”, hay una “crisis personal”. Así que la mejor educación sexual es la mejor educación personal: tenemos que educar en el amor, en la responsabilidad, en la justicia, en la solidaridad y en el respeto al otro. Esa persona, cuando tenga ocasión de tener una relación sexual con otro, no hará sino repetir esas actitudes. Cuando hay un fracaso, desengaño amoroso, violación, infidelidad matrimonial, divorcio… es que ha habido crisis interpersonal. ¡Estamos hechos para amar y ser amados! Ama al prójimo… dice La Biblia.

Hay que ser claros: el celibato tiene razón de ser cuando es libre. No cuando es impuesto. Hace muchísimos años que se viene diciendo por parte de todos los teólogos que los apóstoles eran casados. Y Pedro, el primer Papa, era casado. Jesús no, por lo que sabemos estuvo soltero y fue célibe, porque se entregó en cuerpo y alma a predicar el reino de Dios.

La Asociación Estadounidense de Vírgenes Consagradas emitió un comunicado en el que afirma estar "profundamente decepcionada" por las nuevas reglas dispuestas por el Vaticano en la Ecclesiae Sponsae Imago."Es impactante escuchar a la Madre Iglesia decir que la virginidad física ya no se considera un requisito previo esencial para la consagración a una vida de virginidad" "Formulando el propósito santo de seguir más de cerca a Cristo, las vírgenes son consagradas a Dios por el obispo diocesano según el rito litúrgico aprobado, celebran desposorios místicos con Jesucristo, Hijo de Dios, y se entregan al servicio de la Iglesia", destaca el Catecismo en el numeral 923. La noticia había pasado desapercibida, hasta que se conoció la reacción que suscitó en algunos sectores de la Iglesia. En particular, manifestaron su indignación con la sección 88. "La llamada a dar testimonio del amor virginal, esponsal y fecundo de la Iglesia a Cristo, no se reduce al signo de la integridad física (…). La instrucción Ecclesiae Sponsae Imago, elaborada por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, fue difundida el pasado 4 de julio por la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Estaba destinada a aclarar algunas prácticas relacionadas con las "vírgenes consagradas", mujeres que toman la decisión de vivir en estado de castidad perpetua, para servir al Reino de los cielos. Se estima que hay en el mundo unas 5.000, que viven en 42 países. Haber guardado el cuerpo en perfecta continencia o haber vivido ejemplarmente la virtud de la castidad, aunque es de gran importancia en orden al discernimiento, no constituye requisito determinante en ausencia del cual sea imposible admitir a la consagración". . "Es impactante escuchar a la Madre Iglesia decir que la virginidad física ya no se considera un requisito previo esencial para la consagración a una vida de virginidad", sostuvo la Asociación. Por el momento, la Santa Sede no respondió a este reproche.

Cuando la Biblia nos manda es al matrimonio, cuando no se tiene el don de continencia y a llevar una existencia pía.

El cardenal João Braz De Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, explicó cuando se difundió el texto que era el primer documento que se refería a ese rito litúrgico desde su promulgación por indicación del papa Pablo VI, en 1970. La decisión se tomó porque hay cada vez más mujeres que quieren ser declaradas vírgenes por la Iglesia. "Ecclesiae Sponsae Imago quiere ayudar a descubrir la belleza de esta vocación y contribuir a mostrar la belleza del Señor, que transforma la vida de tantas mujeres que cada día la experimentan", sostuvo João Braz De Aviz, según ACI Prensa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Autor:
Emiro Vera Suárez (1231 noticias)
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