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La culpa la tiene el yo

12/11/2013 15:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageEntre la mezcla de teorías francesas, alusiones renacentistas y una pizca de sentido común está la solución a una necesidad inmediata.

Para lograr una vía eficiente, sin baches u otras anomalías es necesario acomodarse a una proposición nacida en el círculo de especialistas en paisaje de la escuela francesa: "drenaje, drenaje y drenaje".

Por su parte, el renacentista Paracelso, quien fuera el primer médico de la modernidad, decía: " he entrado por la puerta de la naturaleza. Su luz ha iluminado mi camino".

La naturaleza ha demostrado su poder y en las calles de nuestras ciudades y pueblos se nota. Ahora la hierba crece en la acera, las ramas de los árboles chocan con los techos de los carros, las enredaderas cubren las cercas y los solares se convierten en pequeños bosques metropolitanos.

Cada día se observa más el descuido. El drenaje no es suficiente. Las aguas se acumulan porque la hierba y la tierra le tapan las salidas. El alcantarillado está tupido y es peligroso para los niños; sino fíjense en la esquina de la discoteca donde se cruzan la central y calle 52.

Las carreteras, los puentes, las señales de tránsito, las aceras y las zanjas constituyen la infraestructura básica del panorama de una ciudad; son el rostro del desarrollo de un país. El paisaje vial de Artemisa se deteriora porque la naturaleza es poderosa ante la inconsecuencia de los seres humanos.

Dejarse llevar por la naturaleza y aprender de ella para saber controlarla en beneficio de la humanidad –como lo hizo Paracelso– es el mejor método para cuidar a los bicicleteros, motoristas, automovilistas, camioneros, transeúntes y niños.

En la actualidad la basura se vota en cualquier rincón, ya he visto más de una ceiba donde las javas de nylon cubren los artefactos religiosos, quizás hasta los santos lleguen a enfermarse. Existe más de una carnicería donde las cajas de cartón se apilan esperando en la acera por la perrería vagabunda. La mala hierba crece libremente en la quijotesca avenida, sin ser controlada, convirtiendo varias de sus cuadras en un común potrero –con caballos y todo.

Además, a simple vista el asfaltado de las calles no es suficiente: en toda la calle 52 hasta la salida para Cayajabos no se hacen necesarias las señales de PARE, "el bache enseña".

El triste panorama descrito es producto del descuido y del ensañamiento contra nosotros mismos, porque la culpa no es de las estructuras arquitectónicas, ni de las instituciones sociales, ni de la política, ni de la ubicación celestial de las pirámides.

¿Artemisa volverá a ser aquel jardín que describió Cirilo Villaverde? ¿Circulará de nuevo el fresco oxígeno que curó al reverendo estadounidense Abiel Abbot en su paso por la llanura roja?

La administración de la provincia se ha encargado de embellecer los nudos visuales más importantes: El Mausoleo, el monumento a los mártires en la entrada de la capital provincial, los monolitos ubicados en la autopista para delimitar los municipios, las avenidas, los parques. Ahora, también se enfrasca en viabilizar la entrada y salida a la capital provincial. Quizás pronto hasta tengamos semáforos.

Sin embargo, aunque el gobierno local ha realizado su esfuerzo, todavía hay quien espera y esa desesperación le inhibe las ganas de chapear, limpiar o cuidar, pero no de botar -incluso hasta en terreno ajeno. ¿Acaso no son los pobladores quienes deben actuar local y pensar global como la mejor manera de salvar "nuestro pedacito" común?

La ciudad renacerá jardín y no una descuidada pradera de pastoreo. Para ello hay que extirpar de la tierra la fealdad, lo antiestético, limpiar la breña, la escombrera y cuidar de no arrojar basura. Eso es asunto de todos porque es la necesidad más urgente del paisaje artemiseño y de la salud de sus habitantes.


Sobre esta noticia

Autor:
Manuperiodista (106 noticias)
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Reportaje
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