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Mar Negro. Las letras al servicio del terror

08/10/2014 13:29 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mar Negro (Almadía, 2014), es la más reciente entrega literaria de Bernardo Esquinca, conformada por diez cuentos de terror

 

                                                                                                                                                                                       Ricardo Rincón Huarota

Siempre me he preguntado cómo es que los escritores de cuentos de terror logran producir la sensación de miedo en sus lectores. Las narraciones más memorables de este género muestran que son varios los requerimientos para lograr tal fin, entre ellos: atmósferas lúgubres, situaciones opresivas, escenas que causan horror o repugnancia y, sobre todo, historias bien contadas.

Éstas pueden provenir de la propia imaginación de los autores, de creencias tradicionales, leyendas urbanas y supersticiones. También existen relatos de terror que sondean en las profundidades de la psique humana ––como es el caso de El Horla de Guy de Mapaussant, en el que un individuo sufre delirios por el acoso constante de una entidad desconocida que cree llevar a cuestas–– y otros que revelan los comportamientos malsanos del hombre, como El tonel de amontillado, de Edgar Allan Poe, en el que un sujeto planifica meticulosamente una aterradora venganza contra su ofensor.

¿Cuáles son los recursos literarios que debería utilizar un creador para generar en sus lectores emociones profundas de pánico, desasosiego y horror? Mi interpretación es que para que el texto funcione como generador de tales sensaciones, además de las ya mencionadas más arriba, el autor debe conjugar tres elementos, a saber: la construcción creíble del surgimiento de lo extraño en lo cotidiano; el suspenso como fase previa del horror y, a la manera de los escritores de la vieja guardia, como requisito sine qua non, se necesita un final inesperado, o twist final, que le cause un shock al lector.

Todos estos ingredientes los encontré, en mayor o menor medida, en la lectura de los diez cuentos cortos de terror que conforman Mar Negro (Almadía, 2014) la más reciente entrega literaria de Bernardo Esquinca. Al sumergirme en las profundidades de ese Mar Negro –– que hace referencia a la gran masa de agua que baña las costas de varios países de Europa oriental­­ y que, a decir de uno de los personajes del libro, también puede simbolizar un estado del alma o mar interior donde coexisten las tormentas, los abismos y las criaturas de los supersticiosos­–– tuve la oportunidad de transitar por una serie de emociones que me llevaron del suspenso al horror, del asombro al miedo e, incluso, del humor a la incertidumbre.

Los diez cuentos sintetizan algunas de las obsesiones más marcadas del autor, como son su permanente interés por el Centro Histórico de la Ciudad de México. Sobre ello baste citar el trabajo de compilación que el propio Esquinca ha desplegado en libros tales como Ciudad Fantasma I y II (Ed. Almadía 2013 y 2014). Las temáticas de Mar Negro son variopintas: algunos cuentos se contextualizan en la Ciudad de México, uno en la costa del Caribe Mexicano y otro en Bulgaria, en la ciudad de Sozopol. A continuación una reseña de los 10 cuentos, que enumero por orden de preferencia. Empiezo por el que más me gustó:

1. Mar de la Tranquilidad, Océano de las Tormentas

Este cuento, a pesar de que no es exactamente de terror sobrenatural, engancha por su extrañeza. Aborda el concepto del doble o Doppelgänger, el gemelo fantasmagórico utilizado con frecuencia en la literatura de género fantástico. Se cumple aquí la premisa de que para enganchar al lector que busca emociones de asombro a través de la literatura de terror, es necesario introducir elementos sobrenaturales o extraños que rompan con la realidad cotidiana. Pero la historia debe anclarse sólidamente en un entorno creíble. Esa convergencia de nuestro mundo con la otra realidad, abre un intersticio desconocido que hará vacilar al lector y le provocará una sensación de extrañeza.

También encuentro en la narración visos de erotismo y humor, lo cual de ninguna manera está reñido con el terror. Para crear una atmósfera inquietante no es necesario tener todo el tiempo al malo en nuestras espaldas o al fantasma haciéndonos ¡buu! El relato es redondo y crea un suspenso que nos va tendiendo una trampa hacia un colofón sorprendente, por partida doble, e inimaginable.".

2. Sueña Conmigo

A la manera de las matrioshkas o muñecas rusas, que en su interior albergan una figura similar pero más pequeña, esta historia nos narra en realidad cinco cuentos de terror dentro de uno solo. Trata de un coleccionista de muñecas embrujadas que se da a la tarea de descubrir el extraño envío que le hacen de una muñeca por parte de un desconocido. Como en el cuento anterior, Sueña conmigo nos descoloca con su final sorpresivo. Diversos autores señalan que en el cuento moderno no es necesario el remate, ya que la historia puede quedar abierta para que el criterio del lector participe más directamente y la sensación de miedo sólo quede sugerida. No obstante, algunas encuestas aplicadas a aficionados a la literatura de terror, arrojan el dato de que un final inesperado que cierre con broche de oro una narración, es el mejor de los finales.  (David Taylor, How to Write Today's Horror”, 2003).

El giro final del cuento de Esquinca, además del suspenso y de la bien lograda recreación del ambiente macabro, me provocó sensaciones de asombro, sorpresa, inquietud y miedo que me mantuvieron pensado en la obra durante todo el día. Realmente vale la pena leerlo de corrido hasta el final. El “remate bomba” es algo que en lo particular agradezco de un escritor de terror y que logro encontrar en los cuentos clásicos de Poe, H. P. Lovecraft (El morador de las tinieblas), William Faulkner (Una Rosa para Emiliy), Ray Bradbury (El Emisario), entre otros más.

Con la lectura de Mar Negro, tuve la oportunidad de transitar por una serie de emociones que me llevaron del suspenso al horror, del asombro al miedo e, incluso, del humor a la incertidumbre

 3. El Encorvado

La historia no sólo demuestra la madurez de Esquinca como narrador, sino también como investigador avezado en los más disímbolos campos como pueden ser la Arqueología o la Historia de México y Universal. El cuento nos traslada hasta la lejana Bulgaria, donde se ubica un conflicto derivado de la fuga de un No Muerto (un vampiro centenario), que será resuelto por un arqueólogo catalán. A reserva de que algunos podrían estar en desacuerdo conmigo, el relato me recordó el estilo de algunos autores superventas como Dan Brown en el Código Da Vinci y Elizabeth Kosova en La Historiadora. El Encorvado, a caballo entre el cuento y la narración larga ––de hecho es el relato más extenso de la colección–– podría prefigurar la estructura de una novela de terror ambientada en Europa, la cual, en lo personal, me encantaría leer.

4. Como dos gotas de agua que caen en el mar

El cuento nos sitúa en las céntricas calles de la ciudad de México, donde un viejo edificio art decó, ubicado en Revillagigedo y Victoria, pareciera que posee vida e irradia su influjo a dos inseparables amigos con ambiciones de poder. Como en los cuentos anteriores, en éste se crea una atmósfera inquietante en lugares que nos son familiares y desarrolla arcos de tensión que mantienen la intensidad, elemento muy importante para tenernos en suspenso de principio a fin.

A diferencia del cine ––que cuenta con la ventaja de los efectos visuales y de las bandas sonoras que facilitan la generación de incertidumbre y/o ansiedad––, la literatura sólo cuenta con el poder de la palabra para la creación del suspenso. Este es la sensación de temor previa que anuncia al terror antes de materializarse. A lo largo de su narración, Esquinca logra fomentar el morbo del lector dándole información parcial y le sugiere que lo siniestro acecha a medida que siga leyendo. En muchas ocasiones, nuestros pensamientos de incertidumbre y anticipación de lo que va a ocurrir, suelen ser más eficaces para provocarnos temor que las escenas cargadas de violencia y sangre.

5. Ven a mí

Una memorable frase de Jorge Luis Borges dice que: “es necesario que el escritor que escribe una fábula, "por fantástica que sea" crea, por el momento, en la realidad de la fábula.” Pienso que al momento de escribir su relato, Esquinca aplicó a rajatabla esta sentencia, porque la notoria verosimilitud que logra imprimirle a la historia nos la transmite de manera directa. El cuento nos narra las funestas consecuencias de realizar de forma defectuosa un amarre o hechizo para atraer al amor. La protagonista deberá lidiar permanentemente con macabros  personajes que si bien sabemos que sería imposible su existencia en la realidad, su sola descripción nos provoca miedo y repugnancia.  El autor se despega así de otras narraciones que he leído últimamente que se proponen ser espeluznantes mediante personajes y escenarios novedosos en los que el mal puede adoptar miles de formas. No obstante, muchas de ellas son historias que por inverosímiles acaban siendo sólo ficciones de humor involuntario. Lo macabro y lo absurdo están separados apenas por una delgada línea.

6. La otra noche de Tlatelolco

A fuerza de ser sincero, debo confesar que nunca he sido partidario del fenómeno zombi dentro de la literatura. La tendencia a escribir sobre los muertos que reviven ha caído en una fase de decadencia, donde el género se burla de sí mismo con historias chuscas y ridículas. Hasta al momento sólo había leído poca literatura de este tipo y el único cuento que me había convencido era el del escritor argentino Juan Terranova titulado La masacre del equipo de vóley (En: No entren al 1408, La Biblioteca de Papel, 2013). El cuento de Esquinca me hace crear nuevas expectativas sobre el potencial del género ya que nos presenta de manera novedosa la historia de amor de un muerto viviente, contextualizada en un momento traumático para quienes habitamos esta ciudad: la matanza del 68. Si bien la narración tiene un sello sangriento, no alcanza las dimensiones de un gore grotesco. El terror es uno de los géneros más efectistas que hay, pues los autores tienen que producir sensaciones de miedo para tener éxito; sin embargo, no hay que confundir un cuento “efectista”, donde el protagonista queda salpicado por chorros y chorros de sangre, con un cuento “efectivo”, que transmite credibilidad y realismo, o que crea “una ilusión brumosa de la extraña realidad de lo irreal”. (H.P. Lovecraft, “Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos”, 1934)

7.  Los padres antiguos

Para explicarnos el funcionamiento de las cosas que ocurren en nuestro entorno, a los suspicaces siempre nos brota la irreprimible tendencia de echar mano de las teorías de la conspiración, del complot, de la mano negra,  del piensa mal y acertarás,  entre otras,  y vemos moros con tranchete por doquier. Pero si esas retorcidas historias son contadas por un escritor de manera magistral, nos seducen por completo. Esto es lo que me sucedió con este cuento, en el que Esquinca, a través de información científica dura y verificable acerca de los estromatolitos, las formaciones primigenias que dieron origen a la vida en el planeta, logra construir un tinglado de acontecimientos, dignos de la mejor literatura de espías, que ocurre en la costa caribe de México, en la Laguna de Bacalar.

8.  El ciego

La historia se desarrolla en el Centro Histórico de la Ciudad, en las calles de Ayuntamiento y Bucareli, pero toca tangencialmente el barrio de La Lagunilla. No aborda un tema sobrenatural pero sí contiene una trama de suspenso que va in crescendo. Logra el cometido de generar sensaciones de extrañeza e inquietud a través de la historia de un escritor que va en busca de temas propicios para la creación de sus cuentos. En este sentido, un soldado de plomo comprado providencialmente podría ser el detonante del desarrollo de una nueva historia. Es un pequeño compendio de consejos para todos aquellos que hemos sentido la necesidad de escribir cuentos de terror para exorcizar nuestros miedos. Aquí el autor demuestra que está más interesado en construir personajes sólidos y situaciones comunes, donde la aparición de lo extraño en el mundo real prime más que el morbo y lo grotesco.

9.Torre Latino

El cuento es el más corto de la antología. Precisamente por su cortedad, el lector se queda con las ganas de disfrutar más la narración, pues ésta tiene un sabor a leyenda urbana. Nos hace recordar todas aquellas historias que cuentan los burócratas de las oficinas o los empleados de talleres o comercios del centro, que versan sobre la aparición de niñas desconocidas que juegan por las noches dentro de las instalaciones. El autor, cuando nos presenta a la mujer vestida de verde que se le aparece, en un día y horario inusuales de trabajo, a un despistado empleado de la Latino, sólo nos muestra el dulce pero no va más allá de la expectativa que se crea sólo fugazmente. No obstante, el cuento contiene los elementos de suspense y aire inquietante.

10. El brazo robado

Si mal no recuerdo, este cuento lo había leído en otra de sus versiones en internet, la cual me había parecido mejor. Algunos pasajes, como las comidas del protagonista con un judicial en el Mercado Juárez y en la terraza de la Casa de las Sirenas, son tan largos que le hacen perder intensidad a la narración. Utiliza el humor de manera un tanto exagerada que aporta poco a la trama. No alcancé a vislumbrar un clímax de la historia y la resolución me parece algo forzada. Sin embargo, como sucede con El Encorvado, Esquinca destaca sus habilidades como estudioso de nuestro pasado prehispánico.


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Filibustero (58 noticias)
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