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Hace 2d

Los críticos de Trump están señalando la opción de abrirle juicio político en el Congreso para destituirlo, ante sospechas de que el presidente ha intentado obstruir la justicia.Los impulsa la injerencia de Putin en las elecciones presidenciales que resultaron con la derrota de Hilary Clinton

 

Lo que hace unos días era un debate informal en redes sociales o cafés de Estados Unidos, se ha convertido en una pregunta abierta en los pasillos del poder de Washington: ¿podría el presidente Donald Trump ser sometido a un impeachment (destitución)?

Los críticos de Trump están señalando de forma creciente esa opción de abrirle juicio político en el Congreso para destituirlo, ante sospechas de que el presidente ha intentado obstruir la justicia.Los impulsa una información publicada la pasada semana por medios locales, según la cual Trump pidió en febrero al entonces director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, acabar con una indagatoria sobre los nexos entre su exconsejero de seguridad nacional y Rusia.

"No entiende cuáles son los límites": la delicada situación del presidente Donald Trump por las últimas revelaciones sobre el FBI y Rusia.La Casa Blanca niega que el presidente Trump pidiera al exdirector del FBI que cerrara la investigación sobre los lazos de Michael Flynn con Rusia.

La Casa Blanca negó la información, que se basa en un memorando que Comey escribió sobre una charla que tuvo con el presidente, quien la semana pasada despidió abruptamente al director del FBI. La polémica decisión del presidente Donald Trump, de despedir al director del FBI, desató una tormenta política en EE.UU. Y fue el hecho que despertó las acusaciones de un impeachment. Sin embargo, para que prospere una acusación de obstrucción de justicia tendría que demostrarse que Trump actuó con intenciones corruptas, lo cual puede ser sumamente complejo.  

Y la oposición no tardó demasiado en agitar públicamente el fantasma del juicio político a Trump, quien el mismo día había generado otra tormenta al saberse que había compartido información confidencial sobre Estado Islámico con funcionarios rusos.

Donald Trump se defiende tras ser acusado por medios de EE.UU. de haber compartido con Rusia información de inteligencia altamente clasificada.

"Me levanto hoy", dijo el congresista demócrata Al Green  en plena Cámara de Representantes, "para pedir el impeachment del presidente de los Estados Unidos de América por obstrucción de justicia".

No se dice el nombre de ningún otro pero debió haber algún otro que le apoyó. En la acera de enfrente, el representante Justin Amash se convirtió este mismo día en el primer miembro del Partido Republicano de Trump en indicar que habría motivos para un impeachment si fuera cierto lo del memorándum de Comey.

Sin embargo, la probabilidad de que Trump pierda su cargo por un juicio político en el Congreso los expertos la consideran remota por " Simplemente, porque es muy, muy difícil someter a impeachment al presidente", sostiene John Patty, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Chicago, que fue consultado al respecto por BBC Mundo. Apenas hay parecidos en la acusación del representante de Justin Amash al Watergate, el caso que provocó la caída de Richard Nixon, quien por cierto terminó renunciando al cargo evitando la expulsión pura y simple.

Lo primero ahora es que, hasta el momento, Trump no ha sdo acusado formalmente de cometer crimen alguno, un requisito clave para sacarlo del cargo.Los apuntes de Comey o su despido pueden considerarse como evidencias de esfuerzos del presidente para influir sobre las investigaciones que el FBI lo cual descubrió posibles vínculos ocultos de sus colaboradores con Rusia, país que según el espionaje de EE.UU. buscó interferir en las elecciones que Trump ganó en 2016. 

Hay dos caminos posibles para eso: la justicia penal, con un carácter estrictamente jurídico, o el impeachment, donde además suelen pesar las consideraciones políticas de los congresistas.

Para que se abra el proceso de impeachment se requiere el voto de una mayoría de la Cámara de Representantes, mientras que para destituir al presidente son necesarios al menos dos tercios de los votos condenatorios de los senadores.

Y estas mayorías también parece improbable que se alcancen contra Trump, ya que su Partido Republicano controla ambas cámaras del Congreso.

"No creo que haya suficientes republicanos que votarían para destituir a Trump, aún cuando haya suficientes republicanos en la Cámara dispuestos a iniciar el proceso de impeachment", señala Patty.

El Congreso norteamericano siempre ha manejado con cautela su potestad de impeachment. De hecho, hasta ahora nunca ha llegado al extremo de destituir a un presidente.

El precio que puede pagar Donald Trump por haber despedido al director del FBI, no es tan alto como para quedar fuera del cargo.

Los dos antecedentes más recientes de procesos de impeachment abiertos contra mandatarios de EE.UU. incluyeron cargos de obstrucción de la justicia: a Richard Nixon en 1974 y a Bill Clinton en 1998.

Sin embargo, ninguno de los dos procesos acabó en un voto de condena: Nixon renunció antes de que eso ocurriera, en medio del escándalo Watergate, y Clinton fue absuelto por el Senado de los cargos que enfrentó tras revelarse su relación extramatrimonial con Monica Lewinsky.

El primer antecedente de impeachment en Estados Unidos fue contra el expresidente Andrew Johnson, en 1868, por intentar sustituir a un miembro de su gabinete sin el aval del Senado, y también acabó con la absolución del presidente por apenas un voto de diferencia.

En el caso de Trump, quien recientemente se quejó de que "ningún político en la historia ha sido tratado más injustamente que yo", hay claras señales de que aumenta la inquietud en el Congreso por las polémicas que han surgido.

Dos comités del Senado han pedido al FBI los registros de comunicaciones sobre Rusia que mantuvo con el gobierno su exdirector Comey, invitado a testificar en uno de esos escritos.Pero los líderes republicanos argumentan que hasta ahora no ha surgido evidencia irrefutable de que Trump haya quebrado la ley. Si esto cambia, tal vez cambie su postura.No obstante, antes que por un impeachment, la presión  de los demócratas es para que acepten nombrar un consejo especial que supervise de forma independiente la investigación de Rusia.Trump no ha sido acusado formalmente de cometer ningún crimen.

Ross Douthat, un columnista conservador en el diario The New York Times, indica que dada la improbabilidad de que los republicanos actúen contra Trump, una alternativa al impeachment podría ser expulsarlo usando la 25ª enmienda de la Constitución. Se trata de un mecanismo que permite a una mayoría del gabinete advertir al Congreso que el presidente es "incapaz de cumplir con los poderes y deberes de su cargo".

Pero en caso de que el presidente impugnara esa acusación, se requerirían dos tercios de votos de ambas cámaras del Congreso para deponerlo. Lo cual, por cierto, sería aún más difícil de lograr que el impeachment.

El fulminante despido del director del FBI, James Comey, por el presidente Donald Trump ha llevado a muchos en Washington a establecer una comparación inmediata con las iniciativas de Richard Nixon y el caso Watergate.

El 20 de octubre de 1973 el entonces presidente Nixon cruzó una línea fatal al tratar de librarse del fiscal especial independiente que investigaba el escándalo de Watergate. 

El fiscal, Archibald Cox, había emitido una solicitud para acceder a copias de las grabaciones secretas de las conversaciones de Nixon en el Salón Oval de la Casa Blanca. Los archivos de las grabaciones eran clave para probar la complicidad de Nixon en el generalizado encubrimiento de un robo el año precedente en la sede del Comité Nacional Demócrata en el edificio Watergate, un complejo residencial y de oficinas sobre el Potomac.Nixon reaccionó ordenando a su fiscal general, Elliot Richardson, que despidiera a Cox.

Richardson se negó y dimitió, de modo que el presidente ordenó al fiscal general adjunto, William Ruckelshaus, que ejecutara el pedido. Pero Ruckelshaus también dimitió antes que cumplir la orden. Ambos prometieron en el Congreso que Cox sólo sería despedido por una causa justa, lo que dejó el despido de Cox en manos del abogado general, Robert Bork, que era el siguiente en la línea de reemplazantes del fiscal general. Bork sí despidió a Cox.

El episodio fue un desastre político y ante la opinión pública para Nixon. Los sondeos realizados tras el despido de Cox mostraban que por primera vez los ciudadanos se inclinaban por el juicio político (impeachment) contra Nixon.

Cox fue reemplazado por otro fiscal especial, y Nixon finalmente acepto entregar las transcripciones de muchas grabaciones. Pero el impeachment resultó indetenible, y Nixon dimitió el 8 de agosto de 1974, antes de ser destituido.

Expertos dedicados a estudiar la era Nixon ven asombrosas similitudes con el despido de Comey por Trump, pero también diferencias.

"En ambos casos un presidente enojado y acorralado despidió a una figura independiente que investigaba exhaustivamente a personas del círculo íntimo del presidente", declaró a la AFP Andrew Kent, profesor de derecho en la Fordham University de New York.

Una diferencia significativa reside en que el presidente tiene plena autoridad para echar al director del FBI, mientras que por ley Cox sólo podía ser despedido "por justa causa".

Sin embargo,  un solo director del FBI había sido despedido hasta ahora: el entonces presidente Bill Clinton echó en 1993 a William Sessions por infracciones éticas relativamente menores.Los directores del FBI tienen tradicionalmente una enorme independencia y la han defendido celosamente.

Como antecedente a todo el affaire de la posible destitución de Trump está la renuncia del presidente Richard Nixon durante en Watergate

Los demócratas argumentan que el despido de Comey pone de relieve la necesidad de crear una comisión especial que investigue las supuestas intromisiones de Rusia en la última elección presidencial..

"Recordemos que enfrentamos una inminente crisis constitucional, muy parecida a la de 1973. Este episodio se parece a aquel capítulo de nuestra historia, que no deberíamos repetir", dijo a CNN el senador demócrata Richard Blumenthal.

John Dean, asesor de Nixon en la Casa Blanca y protagonista central del escándalo Watergate, sostiene por otro lado que la iniciativa de Trump no tiene para nada el mismo alcance.

"Archibald Cox estaba desafiando al presidente y tomando su propio camino de acción y tomando una decisión que estaba poniendo en serio peligro a Nixon", dijo a PBS News Hour.

Lo que el FBI ha investigado es si el equipo de campaña de Trump conspiró junto a Rusia para inclinar el resultado de la elección a su favor. Pero la administración Trump alega que el motivo del despido de Comey fueron los "serios errores" en el manejo de la investigación del director sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton.

Los portavoces republicanos comentan, en un audio filtrado por el Washington Post que ha dejado a todos los norteamericanos cada vez más sorprendidos,   que en  junio de 2016  el presidente de Rusia, Vladimir Putin, le pagaba a Donald Trump y a el congresista Dana Rohrabacher. Lo más impactante de la transcripción del audio es que incluye a altos cargos republicanos, entre ellos el líder de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy,  y el mismo presidente de la Cámara, Paul Ryan.

“Hay dos personas a las que Putin les paga: a Rohrabacher y a Trump. Lo juro por Dios.” - señaló Kevin McCarty de acuerdo a la grabación de 2016

 

Considerando que Rohrabacher es una representante que ha apoyado abiertamente las políticas de Vladimir Putin desde el inicio esta conversación socava fuertemente la credibilidad del presidente y de los republicanos. Y aunque las observaciones  permanecieron en secreto durante un año, en estos momentos causan sensación.

Cuando Brendan Buck  preguntó al portavoz  Paul Ryan, que aclarara los hechos (sin mencionar la cinta), éste dijo que la idea de que esa conversación se hubiese dado era “absurda”. Cuando posteriormente le dijeron que tenían los audios, el mismo cambió el curso de la historia y señaló que se trataba de una simple  "broma", pero no todos van a creer que se trataba solo de eso.

Putin halagó varias veces durante la época electoral a Donald Trump, a lo que éste respondió con más elogios. En diciembre, Obama ordenó la expulsión de 35 presuntos agentes de inteligencia rusos de EEUU e impuso sanciones a Moscú por la interferencia en la campaña. En enero se hizo pública la investigación que Obama encargó a la CIA, el FBI y la NSA sobre el caso: " Evaluamos que Putin ordenó una campaña de influencia en las elecciones presidenciales... Los objetivos de Rusia eran socavar la fe pública en el proceso... denigrar a Hillary Clinton y perjudicar su elegibilidad... Rusia desarrolló una clara preferencia por el presidente electo y una interferencia en las elecciones de un país extraño". 

El Departamento de Justicia norteamericano nombró  a Robert Mueller, ex-director del FBI, como investigador especial en el caso que analiza las presuntas relaciones entre la campaña presidencial de Donald Trump y Rusia. 

"En mi capacidad de fiscal general interino, determino que es en interés público que ejercite mi autoridad e indique una investigación especial para asumir responsabilidad en este caso", expresó Rod Rosenstein en una nota oficial.

Como, Rosenstein tuvo un papel central en el proceso de despido del ex director del FBI, James Comey, su propia situación como coordinador de las investigaciones se habían visto fragilizadas.

Conocido en el ámbito político como un “hombre íntegro”, Robert Mueller podría convertirse ahora en la peor pesadilla para el presidente Donald Trump. Sus nuevas investigaciones y futuros descubrimientos podrían destapar un crimen federal de tal magnitud que el impeachment que muchos afirman se quedaría corto. 

Abogado de profesión, Robert S. Mueller III, de 72 años, fue director del FBI por más de una década, entre 2001 y 2013, y además en su juventud recibió tres altas condecoraciones por acciones de combate como marine en Vietnam. El nombramiento de Mueller ocurrió después de que en los últimos días numerosos legisladores del partido demócrata exigieron que el Departamento de Justicia nombara un investigador especial que se encargara de las indagatorias. 

El secretario de Justicia, Jeff Sessions, decidió alejarse de esas investigaciones por sus propios contactos con funcionarios rusos, incluido Putin, durante la campaña presidencial del año pasado.La decisión de colocar a Mueller en el puesto estuvo a cargo del vicerrector general, Rod Rosenstein, y ha sido aplaudida por varios demócratas que afirman que Mueller será el encargado de destapar todas las mentiras detrás de la intervención rusa en las elecciones de Estados Unidos y afirman que es un “golpe maestro”. 

Las investigaciones se centran en las sospechas de injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales del año pasado para favorecer a Trump, y la eventual colisión de su comité de campaña con esos esfuerzos.El escándalo ya motivó el despido del asesor de la Casa Blanca para Seguridad Nacional, Michael Flynn, y posteriormente del propio Comey.El  caso adquirió aún más gravedad después que el diario The New York Times aseguró que Trump llegó a sugerir a Comey que abandonara las investigaciones del FBI sobre Flynn, en un gesto que constituye obstrucción de la justicia.

La presidencia de Trump está amenazada por escándalo de obstrucción a la justicia.Los republicanos dan la espalda a Donald Trump y afirman  que lo que se sabe hasta ahora es impactante. 

Por esta razón, el mismo Donald Trump se vio en la necesidad de publicar un comunicado desde la Casa Blanca en el que volvió a desmentir cualquier teoría de la interferencia rusa en las elecciones, afirmando que “no existe ninguna unión entre Rusia y su campaña presidencial”. “Como he dicho muchas veces, una investigación exhaustiva confirmará lo que ya sabemos -no hubo interferencia entre mi campaña y ninguna entidad extranjera. Espero con interés que este asunto concluya rápidamente. Mientras tanto, nunca dejaré de recurrir a la gente y las cuestiones que más importan al futuro de nuestro país”. 

El empresario de Internet Evan Williams pide públicamente perdón en Twitter por haber contribuido con su red social a catapultar a Donald Trump a la Presidencia de EE.UU. “Fue muy mal asunto, lo del papel de Twitter en eso. De ser cierto, hoy no sería presidente.  "Pues sí, lo siento”, dice Williams en una entrevista con el diario  The New York Times

Williams, que presidió Twitter entre 2008 y 2010, no dedica más tiempo de su entrevista a comentar la actualidad política, aparte de considerar que quizá “lo que merecemos por dar el poder de los tuits” a Trump es un destino similar al del Prometeo de la mitología griega, “encadenado a una roca para que las águilas pudieran arrancarle las tripas a picotazos por toda la eternidad”. 

El magnate neoyorquino Donald Trump, que se alzó a la Presidencia de EE.UU. con una campaña que combinaba exabruptos xenófobos e islamófobos con las críticas al belicismo injerencista de sus predecesores, traicionó sus promesas ya en su tercer mes en el cargo atacando Siria y, más recientemente, fomentando la guerra en el suroeste de Asia con nuevas ventas millonarias de armas.

En estos momentos, en su primera gira internacional ha empezado por Arabia Saudí (Riad), donde buscaba cerrar negocios de armas y abordar el tema de la cooperación regional.

En este viaje, a Donald Trump le acompañaban la primera dama de EE.UU., Melania Trump, su hija mayor, Ivanka, su yerno, Jared Kushner, el jefe de Gabinete, Reince Priebus, y el principal asesor económico de la Casa Blanca, Gary Cohn, entre otros.

Las autoridades saudíes esperan que la visita de Trump refuerce las relaciones políticas, militares y económicas entre ambas naciones, y en particular, la confrontación que les une mutuamente contra Irán.

“Esta Administración tiene una visión que encaja con la visión del reino sobre el papel de EE.UU. en el mundo, la erradicación del terrorismo, la confrontación con Irán, la reconstrucción de las relaciones con aliados tradicionales, y el comercio y las inversiones”, según planteó el jueves el canciller saudí, Adel al-Yubeir.

En la misma línea, el príncipe heredero adjunto y ministro de Defensa saudí, Mohamad Bin Salman, celebró recientemente que Trump haya decidido "devolver América a la senda correcta" tras los profundos recelos que despertó el acercamiento de su predecesor, Barack Obama (2009-2017), con Irán a raíz de la firma del acuerdo nuclear entre Teherán y el Grupo 5+1 (EE.UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania), conocido como el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA).

Estas afirmaciones son un guiño al magnate neoyorquino que llega a Arabia Saudí, donde se practica el wahabismo, que es una interpretación extremista del verdadero Islam, pero ahora para Trump, hay musulmanes buenos y malos. Y él trata con los buenos que venían de los 55 países musulmanes.

No les decepcionó pues trajo consigo un acuerdo de venta de armas bajo el brazo por valor de 110.000 millones de dólares, negociado por su yerno y repartiéndolos aquí y allí. Y luego cogió el avión y se fue a Israel a verse con su amigo Netanyaou, después se fue al Vaticano donde tuvo una fría entrevista de media hora con el Papa Francisco. Y tras otras visitas diplomáticas en Europa estará pronto de vuelta a Washington para enfrentarse con sus problemas del impeachment.

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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