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Jesús N. GalindoMiembro desde: 06/11/18

Jesús N. Galindo

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17/01/2020

En el PSOE se insiste en que el acuerdo es de investidura y no un pacto de gobierno. ¿De qué sirve, entonces, una investidura si no hay garantías de que se va a poder ejercer la acción de gobierno?

A fuer de parecer cansino, me van a permitir que me refiera a la ya tan manida investidura de Pedro Sánchez, a la que voy a dedicar este artículo, como continuación -y punto final- al que escribí la pasada semana. En dicho artículo, les remitía una carta a los Reyes Magos, en la cual mostraba mi esperanza y pedía acabar con el mal rollo, y que este suplicio se acabe de una vez, y podamos vivir en una sociedad normal, donde la crispación sea algo extraordinario y anecdótico, y no se convierta en el menú del día que nos han servido durante estos últimos meses.

Las tres jornadas dedicadas a la investidura, han sido como un potro de tortura para los ciudadanos que no estamos acostumbrados a este sarao en el que se ha convertido la política. Las broncas, ya previstas, han aumentado en virulencia e intensidad, y hemos escuchado los calificativos más descalificadores con los que un calificador pueda descalificar.

Al final ha salido lo que estaba previsto, si bien, un pelín ajustadillo por los cambios de última hora a los que este tipo de funciones circenses nos tiene acostumbrados. No obstante, y aunque Pedro Sánchez ha logrado revalidar el alquiler del Palacio de La Moncloa, al parecer, por otros cuatro años más, yo no me fiaría de la credibilidad de los que le han avalado y tendría preparado el camión de la mudanza por si un caso fuera y se adelantara el desahucio.

Y es que existe un error de cálculo importante, cuando el actual gobierno alude a la composición ideológica de la cámara y la legitimidad que le otorga la mayoría de izquierdas. Una suma que a mí no me cuadra. O es que no saben contar, o es que no les interesa, salvo que cuenten entre los partidos de izquierda al PNV, que es el que les ha posibilitado su investidura. Al final una amalgama de partidos (en total diez) son los que, con su voto afirmativo o su abstención, han posibilitado la conformación de este gobierno. Un Gobierno débil, como se puede ver, que va a necesitar algo más que la palabra de su Presidente (muy cuestionada por sus continuas mentiras e incumplimientos) y que no va a poder cumplirla en muchas ocasiones. Una situación, por tanto, que nos va a mantener en una permanente inestabilidad, de la que no habremos salido.

Las intensas y oscuras negociaciones que han posibilitado el ‘parto de la burra’ (como las calificaba en mi anterior escrito), conllevan un riesgo que a nadie se le escapa. El acuerdo, sujeto con pinzas de cirujano, está pendiente del hilo de coser que se le ha enhebrado y que, todos sabemos, no es de la mejor calidad. Por un lado, están las exigencias de calado de los partidos ‘externos’ que sostienen al gobierno (PNV y ERC). En cuyo cumplimiento se van a basar para la continuidad del apoyo más allá de la investidura (véase lo que ocurrió con la no aprobación de los últimos presupuestos). Por otra parte, están los partidos ‘minis’, que estarán más pendientes de la chequera y cuando el presupuesto no dé lo suficiente para tapar sus bocas, lo utilizarán como moneda de cambio al saber que la mayoría minoritaria de la que dispone el gobierno es de uno o dos escaños únicamente.

A todo esto, en el PSOE se insiste en que el acuerdo es de investidura y no un pacto de gobierno. Algo rocambolesco y contradictorio, pues yo me pregunto, ¿de qué sirve una investidura si no hay garantías de que se va a poder ejercer la acción de gobierno? ¿acaso no somos conscientes que sin un acuerdo previo que garantice la aprobación de los presupuestos, y otra serie de iniciativas programáticas, no es posible la gobernabilidad? Claro que si nos guiamos por la diputada por ERC (Montserrat Bassa), quien le dijo al Presidente: ‘la gobernabilidad de España me importa un comino’, creo que tenemos mucho más claro el infierno en el que se va a convertir el transcurso de esta legislatura.

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En este tipo de manifestaciones es donde se palpa el oscurantismo de los pactos a los que se han llegado. ¿Cómo va a gobernar Sánchez al día siguiente de la investidura si no ha llegado a ningún pacto programático de gobierno? ¿alguien puede contestar esta pregunta? Algunas fuentes de Moncloa afirman que el Presidente tiene atado y bien atado el acuerdo para una legislatura que prevé va a ser muy complicada en el día a día, y por las múltiples variables que se van a presentar.

Está claro que, todavía, hay mucha tela que cortar, y que nos iremos enterando de lo que nos cuesta el traje, sobre la marcha. El problema es que no sabemos si vamos a poder cambiar de sastre o nos vamos a tener que poner el traje, aunque nos esté como a un crucifijo un par de pistolas. En todo caso tenemos que estar preparados para lo más impredecible. La XIV legislatura que, esta semana ha echado a andar, va a darnos mucho de qué hablar y, aunque una inmensa mayoría no le da mucho tiempo de vida parlamentaria, el periodo que ahora comienza va a ser tenso e intenso.

A modo de resumen, quiero expresar la importancia de un hecho que, a mi entender, ha sido significativo en el contexto de la sesión final de investidura.

Ante lo ajustado del previsible resultado y a tenor de que algunos de los diputados de la bancada socialista pudieran votar en conciencia (sin atenerse a la disciplina de partido), tanto ERC como Bildu tenían preparado un “plan B”, que consistía en cambiar sus votos, de la abstención al . Con lo que lograrían neutralizar cualquier disidencia no prevista.

Mi Reflexión, no exenta de preocupación, la manifiesto así: si ERC y Bildu están tan interesados en que se conforme este gobierno, eso no tiene que ser muy bueno para España.

Lo veremos sobre la marcha, pues hoy está todo muy oscuro como para poder preverlo, pero –como dice el refrán- lo que hoy cuesta dinero, mañana se sabe de gratis.

Que Dios nos pille confesados.

Jesús Norberto Galindo // Jesusn.galindo@hotmail.com

 

 

 

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